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La comunicación será la clave para la nueva conducción económica

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ALGUNAS PROMESAS ELECTORALES NO PODRÁN CUMPLIRSE EN EL RITMO DESEADO

Empresarios y trabajadores deberán acompañar una estrategia común con el gobierno para abatir la inflación

La claridad con que se comunique el plan de acción que asumirá la nueva administración para enfrentar los principales problemas de la economía, será clave en los primeros días de gobierno, sostiene el economista Gabriel Oddone. Asegura que el manejo de las expectativas de los agentes y un rumbo claro y definido para atacar aspectos puntuales como la inflación, resultan fundamentales a la hora de «enviar señales», en un contexto de crecimiento económico que «en nada se parecerá» al que nos habíamos acostumbrado en los últimos cinco años, un dato que a su juicio, aún no fue internalizado por la sociedad. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Qué aspecto considera clave al inicio de una nueva administración económica?

—Lo primero que esperaría es que las autoridades económicas mostraran la capacidad de comunicar con claridad cuáles serán las cinco o seis acciones que van a trazar, un plan creíble en términos de tránsito desde una economía de mucho crecimiento hacia una economía de menor expansión, sobre todo para gestionar un gran desafío que a mi juicio tiene por delante el gobierno, que es el de cómo manejar las expectativas de los uruguayos.

Comunicar.
—Es muy importante trasmitir señales en el campo macroeconómico…

—Tenemos una inflación que está convergiendo en el entorno del 8%, más allá que transitoriamente tengamos algunos meses con valores menores. Llevamos más de 4 años fuera del rango meta y en particular confío en que el gobierno trace un plan consistente y claro, que nos muestre a los ciudadanos cuáles son las medidas que se van a arbitrar para que la inflación converja al nivel deseado.

—¿Por qué esto es tan importante? ¿Porque la inflación introduce fuertes distorsiones en el proceso de asignación de recursos?

—No tanto, sino porque tenemos por delante, a partir del mes de julio, una ronda de negociación salarial muy importante, a la que tenemos que llegar con un plan definido. ¿Vamos a ir por metas nominales de aumento de salarios o vamos a seguir con un esquema de inflación esperada más correctivo?

Tengo la impresión de que con el problema de precios relativos que tiene el país, la claridad de señales en términos de inflación y negociación salarial es importante. Y llegar a esa negociación con una meta de inflación creíble es algo esencial si se quiere lograr establecer metas nominales de aumentos salariales y, de alguna manera, quitarle rigidez a los mecanismos de formación de precios, en particular de los salarios. Hay que tener en cuenta que la economía está entrando en un período de crecimiento más moderado, donde vamos a ver lenta pero persistentemente que el desempleo aumenta, y cuando menos rigidez tengamos en términos de formación de precios en el mercado laboral, más fácil será gestionar esa transición, tanto para el gobierno como las empresas y los sindicatos.

Expectativas.
—¿Entiende que estamos sobredimensionados en términos de expectativas económicas?

—Creo que sí. A lo largo de la primera mitad del año vamos a encontrar que las expectativas de la gente están desancladas de la realidad; yo creo que todavía los uruguayos no hemos internalizado que la economía se está desacelerando de manera notoria, que eso va a tener costos en términos de empleo, y que tendrá consecuencias sobre algunos sectores de actividad.

Cuando veamos los números del cierre del año pasado, seguramente observemos que la economía siguió funcionando bajo un escenario de ciertas expectativas favorables en el sector del consumo. Eso hay que alinearlo, va a haber que comunicar muy bien a la población y a los ámbitos de decisión gubernamentales, de que la situación económica general, en perspectiva 2015-2016 por lo menos, no se parece a la que vivimos en los últimos cinco años.

—¿Cuáles son vuestras previsiones?

—Nosotros esperamos un crecimiento de 2,5% del PIB para 2015 y un valor similar para el año siguiente. Hablamos de crecimiento, no de crisis. Pero hay que tener en cuenta que de esa suba del nivel de actividad de la economía de 2015, un punto porcentual está explicado por el efecto transitorio de la actividad de Montes del Plata; una vez quitado ese efecto nos encontraremos con un crecimiento de 1,5% o 1,8%, que significa seguir al alza, pero supone dejar atrás las tasas de 5% de años recientes.

Y eso encerrará realidades muy distintas: sectores que crecerán por encima de ese promedio pero otros que lo harán por debajo e inclusive en algunos casos habrá contracción.

Cumplir.
—Esa realidad implica que algunas demandas, que pueden ser muy legítimas, no van a poder cumplirse…

—Así es, y tendrán que postergarse; eso seguramente va a generar un cierto «ruido» en el diálogo de la sociedad. Ese ruido tiene que ser de alguna manera mitigado con señales muy claras: la estrategia antiinflacionaria es clave, insisto, porque con esta estrategia convergemos a metas inflacionarias más creíbles que nos van a ayudar a negociar salarios evitando rigideces en un contexto complejo; además debemos trasmitir algunas otros conceptos en el campo fiscal, no menos importante, que deben ser relevantes.

—¿Se necesita en forma inminente de una corrección fiscal?

—No. Muy probablemente el gobierno no necesite enviar con premura al parlamento un proyecto con un recorte fiscal, pero también sabe este gobierno que con un déficit hoy cerrado a 3,5%, el país no puede mantenerlo por un período prolongado en ese nivel. Este gobierno tiene que arbitrar, en un período de dos años, una corrección fiscal de un punto de producto o un poco más. Eso supone una discusión presupuestal muy compleja.

Porque eso puede significar algún retoque impositivo, el diferimiento de algunas promesas electorales y en ciertos casos la reducción de algunos de los pocos gastos que son discrecionales para el gobierno.

Desacostumbrados.
—A la salida de un proceso electoral, hay muchas expectativas que quizás se vean defraudadas…

—Además del efecto lógico del inicio de un nuevo período de gobierno, hay que tener en cuenta que en Uruguay hace diez años que lo que sucedes es que cada año es mejor al anterior, y ahora vamos a tener que acostumbrarnos a una economía que crece mucho menos, y eso significa que hay sectores que van a contraerse. Lo que además lleva a suponer que hay no solo demandas, sino también derechos o conquistas, cosas que se obtuvieron en este período, que están con un signo de interrogación acerca de si podrán ser mantenidas en el tiempo.

—¿Por ejemplo?

—La certeza de que los salarios reales crecen de manera sostenida al 3% anual. Eso fue posible gracias a la convergencia de varios procesos.

El primero, estamos en pleno empleo, lo que presiona al alza los salarios. Pero además tuvimos una combinación de sindicatos fortalecidos en la negociación y un gobierno proclive a defender las posiciones sindicales. El mix de esas tres cosas se tradujo en una suba sostenida de los salarios, que es muy buena desde el punto de vista de la equidad.

Ahora el problema es que las condiciones macro no permiten augurar para el próximo período las mismas condiciones. Inclusive, en muchos casos, lo que va a estar discutiéndose en las negociaciones en algunos sectores será la estabilidad de los puestos de trabajo y no aumentos de salario, algo que no veíamos desde hace mucho tiempo. Todo ello converge en un debate político en 2015 y por ello es muy importante que las autoridades económicas trasmitan con bastante claridad una orientación general, cuáles son sus metas y objetivos, qué medidas se tomarán para cumplir con ellas, para que esas expectativas que están algo desarbitradas con la realidad, de a poquito las vayan alineando.

Reafirmo que ese es uno de los grandes desafíos que tiene por delante el gobierno, Poder verbalizar un plan consistente y creíble, y que los instrumentos que se estén sugiriendo para alcanzar los objetivos, sean los adecuados.

—Pero aceptar aumentos salariales nominales puede significar asumir una caída real…

—No se trata de una política que garantice de antemano una caída del salario real. Se trata de que los empresarios y trabajadores, junto al gobierno, sean socios de las metas de inflación que se tracen. Que el gobierno plantee una meta y a partir de allí, vigile o supervise una negociación salarial, no con mecanismos de indexación salarial reales, sino con metas nominales. Podría haber acuerdos que cerraran por encima de la inflación efectiva y otros por debajo. Eso son parte de los riesgos que asumen quienes participan de una negociación de ese tipo. Cuando hay una negociación salarial que culmina con ajustes por inflación esperada y con correctivos, en el fondo hay una de las partes que no asume ese riesgo; eso supone que ese riesgo mitigado para un sector, alguien lo está asumiendo; en un contexto donde la economía crece al 5% los precios se forman de una manera muy dinámica, es un problema manejable. Pero no en las actuales condiciones. Ese arreglo institucional le puede generar a todos los jugadores un conjunto de problemas si no se ajusta a una realidad que va a ser muy distinta.

La meta.
—¿Considera que es necesario modificar al alza el rango meta de inflación?

—Es una opción. Una posibilidad puede ser que se asuma una política más contractiva a todo nivel y que apunte al rango en el que estamos hoy. La otra alternativa es asumir que ello no es alcanzable a corto plazo porque operan restricciones políticas, por tanto se asume que la inflación esta desviada de la meta, se sinceran esos números, apostando a llegar al 7% en un año y en dos más al 5%. Pero con un plan claro y concreto. Hasta ahora la política monetaria ha sido contractiva y cumplió su rol, pero la política fiscal y la salarial no han estado orientadas —desde 2011 a la fecha—, a fomentar la estabilidad de precios.

Compromisos electorales y el presupuesto para el quinquenio
—Volviendo al plano fiscal, ¿cómo se baja un punto de déficit con los compromisos ya asumidos con la educación y el plan nacional de cuidados?

—Tengo la sensación de que lo que va a ocurrir en la discusión presupuestal, si esta se alinea a las restricciones fiscales y financieras que el país tiene, es que muchos de esos compromisos se van a introducir con una cadencia en el tiempo.

Cuando se habla del sistema de cuidados o del 6% para la educación, seguramente lo que veamos es que en 2016 las erogaciones para esos capítulos sean bajas, y que se consolidan sobre el final del período. Eso siempre y cuando se quiera recorrer el camino de que las promesas de las nuevas erogaciones se agreguen sobre lo que ya hay. Otro camino alternativo sería no agregar, sino que esas prioridades vayan en desmedro de otros capítulos.

El tema es que hay muy pocos rubros para recortar dentro del presupuesto nacional. Creo que el espacio para alojar nuevo gasto en un contexto de restricciones macro con bajo crecimiento económico y con esta rigidez es muy bajo, por lo que me da la sensación que muchas de esas «promesas» se pondrán «en la cola» y en la medida que el país crezca, en 2017 o 2018, vayan teniendo su lugar; no veo la forma de poner esas promesas electorales en el presupuesto en forma inmediata.

—¿Cómo espera que se procese el ajuste de tipo de cambio que reclaman los empresarios?

—Efectivamente en 2015 el peso se va a depreciar más que la inflación, esperamos una depreciación de más del 10% con una inflación de 8%. Eso supondrá abaratarnos algo en dólares, pero en relación con nuestros competidores seguiremos teniendo una estructura de precios relativos alta.

Brasil hizo un ajuste que no haremos acá y además no tiene un sistema bimonetario como el nuestro. Son diferencias importantes que reflejan por qué no hemos acompañado a Brasil en la trayectoria del tipo de cambio. Para poder ser más agresivos en la depreciación de la moneda deberíamos tener un nivel de inflación más bajo.

El dólar se va a deslizar al alza, le dará aire a algunos sectores, pero no lo suficiente como para que el conjunto de la economía logre una mejora sustancial de la competitividad. Los sectores expuestos a la competencia internacional tendrán que esforzarse de manera específica en lo microeconómico para volverse mucho más competitivos, porque las medidas macro no van a estar al alcance de las circunstancias durante 20015.

La escasa competencia en algunos sectores muy relevantes
—El país tiene varias reformas microeconómicas pendientes, que podrían contribuir con una mayor eficiencia…

—Correcto. Parte del problema de formación de precios en Uruguay tiene que ver con la escasa competencia que hay en el país en algunos sectores muy relevantes. Y ahí entramos en temas de la necesaria reforma micro. Hay que lograr que tengan más competencia, abriendo la economía, específicamente en los bienes transables. En los demás casos lo más importante es que se fortalezcan los mecanismos institucionales que el país tiene para que velen para que las condiciones de prestación y los precios se aproximen a los competitivos. Allí entran algunos sectores privados, pero también la formación de tarifas públicas.

—Entre los mercados que funcionan de manera imperfecta, ¿cuáles destacaría?

—Por ejemplo los mercados laborales de servicios profesionales de los sectores no transables funcionan muy mal, caso la salud y la educación. El mercado laboral médico, con el pluriempleo, incentivos a vender servicios, etc., hay un conjunto de costos de ineficiencia que son trasladados a la población. En la educación, aunque es cierto que los sueldos son bajos, también es verdad que la masa salarial que se destina allí debería ser más racional. También en ese rubro hay costos de ineficiencia muy grandes, por ejemplo en materia de coordinación y organización.

—¿Qué reformas pueden mostrar resultados a corto plazo?

—Confío en que haya resultados pronto en tres áreas: infraestructura, educación e inserción externa. La infraestructura, salvo el caso de la energía, se va a convertir en una restricción al crecimiento si no avanzamos. Allí hay que ser imaginativos desde el punto de vista de la obtención de financiamiento privado. Seguramente vamos a ver proliferar en los próximos años fideicomisos u otros instrumentos financieros que se desarrollen desde la Corporación Nacional para el Desarrollo, sin que ello sea un pasivo para el sector público consolidado.

En cuanto a la educación, el país ya tiene conciencia de que es urgente avanzar en esa materia. La única forma de acumular capital humano es mejorando la productividad de las personas que se incorporan al mercado laboral. Y en cuanto a la inversión internacional, es clave admitir que el Mercosur ya no es lo que pudo haber sido para Uruguay hasta hace una década. No vamos a prescindir del bloque, pero debemos buscar otras opciones de acercamientos comerciales con terceros países, por ejemplo los del Pacífico.

Ficha técnica.
Gabriel Oddone es Doctor en Historia Económica por la Universidad de Barcelona y Economista por la UdelaR, además de ser Socio de CPA- Ferrere. Es investigador de Cinve y profesor titular de Política Económica y de Fundamentos de Análisis Económico en la UdelaR. Ha sido consultor para el BID y el Banco Mundial en temas relacionados con la modernización de la Administración Pública, el Poder Judicial, los Gobiernos Locales y la Educación, entre otros.

Fuente: Diario El País

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